La nube ha dejado de ser únicamente la infraestructura sobre la que construir aplicaciones. Hoy es la base que impulsa plataformas de datos, inteligencia artificial y sistemas cada vez más inteligentes. En este contexto, el papel de los arquitectos cloud ha evolucionado hacia un perfil que combina excelencia técnica, capacidad para resolver retos complejos y una fuerte contribución a la comunidad.
Para reconocer ese liderazgo, Amazon Web Services cuenta con el programa AWS Ambassador, una de las distinciones individuales más prestigiosas dentro de su ecosistema de partners. El programa reúne a profesionales que destacan no solo por su conocimiento técnico, sino también por compartir ese conocimiento, impulsar la innovación y generar impacto real en clientes y organizaciones.
Este año, Sergio Cambelo, Cloud Architect en Keepler Data Tech, ha sido reconocido como AWS Ambassador, convirtiéndose en uno de los pocos profesionales en España que forman parte de esta comunidad. Hablamos con él sobre el significado de este reconocimiento, el futuro de la arquitectura cloud y el papel que jugará la inteligencia artificial en los próximos años.

Sergio Cambelo, Cloud Architect en Keepler y AWS Ambassador. Apasionado por el diseño de arquitecturas cloud, el aprendizaje continuo y la divulgación del conocimiento para ayudar a organizaciones y profesionales a sacar el máximo partido de AWS.
¿Qué valor aporta a nivel profesional ser embajador de AWS?
Ser AWS Ambassador aporta valor en varios planos. El más inmediato es el acceso a una comunidad de profesionales altamente cualificados: arquitectos y especialistas que trabajan con AWS en profundidad, en sectores y contextos muy distintos. Eso se traduce en conversaciones técnicas de un nivel que no encuentras fácilmente en otros foros, y en una red de referencia real cuando te enfrentas a problemas complejos.
Pero más allá de la comunidad, el programa tiene un componente de reconocimiento que también tiene peso. El Ambassador no es una certificación que se obtiene estudiando un temario, sino un reconocimiento basado en contribuciones reales: contenido técnico publicado, charlas, participación activa en la comunidad, y actividades que generan valor directo al negocio como el engagement con clientes o el desarrollo de capacidades en la organización. Eso lo convierte en una credencial que refleja trayectoria y compromiso, no solo conocimiento.
A nivel práctico, el programa abre puertas que de otro modo serían difíciles de alcanzar: acceso anticipado a información sobre nuevos servicios, participación en eventos de primer nivel, y visibilidad directa ante los equipos de producto de AWS.
¿Qué impacto consideras que tiene para la compañía?
El impacto que un Ambassador genera en la compañía es múltiple. Como yo lo veo, es un perfil complementario al Partner Manager: mientras este gestiona la relación con AWS desde el punto de vista comercial, el Ambassador aporta la dimensión técnica y de comunidad. Juntos cubren la relación con AWS de forma completa.
Pero el impacto más relevante para Keepler tiene que ver con cómo se construye la credibilidad técnica frente a los clientes. Las competencias y designaciones del programa de partners reflejan la capacidad colectiva de la compañía: certificaciones, casos de uso demostrados, metodologías validadas por AWS. El Ambassador complementa esa dimensión corporativa poniendo nombre y apellidos: una persona de referencia, visible en la comunidad, con un reconocimiento individual que respalda y humaniza las capacidades del partner.
Eso tiene valor concreto en el día a día. Cuando un cliente evalúa con quién trabaja, no solo mira logotipos y tiers de partnership, también busca personas. El Ambassador es esa persona.
Además, el hecho de que actualmente haya tan pocos Ambassadors en EMEA (71) y, especialmente, en España (4), es un factor ya de por sí que reconoce la apuesta técnica que hace Keepler y por la excelencia que pone en el mercado.
¿Cómo embajador, qué expectativas tienes para tu próximo año creciendo como especialista en AWS?
Para mí el próximo año estará marcado por los sistemas agénticos aplicados a las operaciones cloud, una tendencia que ya está siendo parte de este año y que creo que va a acelerar significativamente.
Las operaciones cloud generan un volumen de señales, eventos y decisiones repetitivas que simplemente no escala con personas. Remediación automática, gestión continua de costes, cumplimiento normativo, respuesta a incidentes… Son áreas donde un agente con acceso a las APIs correctas y capacidad de razonamiento puede actuar más rápido y de forma más consistente que cualquier proceso manual. No hablamos de automatización clásica al estilo de un runbook o una Lambda, sino de sistemas capaces de razonar sobre el contexto y tomar decisiones.
El momento es ahora porque la tooling está madurando. Servicios como Amazon Bedrock Agents y frameworks como Strands empiezan a ofrecer los patrones necesarios para llevar esto a producción con garantías: trazabilidad de acciones, human-in-the-loop para decisiones críticas, guardrails configurables.
Pero el reto más importante no es técnico, es de gobernanza. Operar agentes en entornos cloud de producción obliga a hacerse preguntas nuevas: ¿qué permisos tiene el agente? ¿Cómo auditas lo que hizo? ¿Cómo evitas que un agente mal configurado cause un impacto real? Ese cruce entre IA agéntica y gobernanza cloud es donde quiero enfocar mi especialización el próximo año, y donde creo que hay más trabajo interesante por hacer.
¿Qué consejo darías a aquellos que se están formando o especializando? ¿Qué “ruta” consideras que es apropiada para crecer en este conocimiento?
No creo que haya una ruta única para especializarse en AWS, y desconfío un poco de los que dicen que sí la hay.
Lo segundo, y para mí lo más importante: nada sustituye al trabajo en proyectos reales. Los cursos y workshops tienen su utilidad, especialmente para estructurar conceptos o explorar servicios nuevos, pero la verdadera formación ocurre cuando te enfrentas a un problema real con restricciones reales. Cuando algo no funciona como esperabas, cuando tienes que tomar decisiones de diseño con información incompleta, cuando el cliente tiene una fecha. Esa experiencia no se puede replicar en un laboratorio.
Mi consejo práctico: busca activamente esa exposición. Si estás empezando, no esperes al proyecto perfecto; incluso un entorno personal o de sandbox donde construyas cosas reales te va a enseñar más que diez certificaciones seguidas. Las certificaciones son útiles como guía de aprendizaje y como credencial, pero el conocimiento que se queda es el que viene de haber tocado, roto y arreglado cosas.
Cuéntanos algún reto al que te hayas enfrentado en la nube de AWS y del que estás particularmente orgulloso de resolver.
Uno de los retos que más me ha marcado, y que sigue siendo un trabajo en curso, es la ampliación de una Landing Zone empresarial a una nueva región. Es un reto doble, y creo que esa dualidad es precisamente lo que lo hace representativo de lo que significa trabajar en arquitectura cloud a nivel enterprise.
Por el lado técnico, este tipo de proyectos implica una red con muchas partes móviles: múltiples cuentas, conectividad híbrida, diseño de DNS, inspección de tráfico, propagación de rutas… cada decisión tiene implicaciones en cadena. No hay una respuesta correcta única, hay trade-offs, y parte del reto es saber cuándo una solución es suficientemente buena y cuándo vale la pena seguir refinando.
Pero el reto organizativo es igual de exigente, si no más. En organizaciones grandes, este tipo de proyectos afectan a muchos equipos con intereses y prioridades distintas. Gestionar expectativas, alinear a los stakeholders, explicar decisiones técnicas complejas en términos que tengan sentido para distintos perfiles… Eso requiere un tipo de habilidad diferente a la técnica, y es algo que no se aprende en ningún curso. Se aprende haciéndolo.
De este reto estoy orgulloso precisamente porque combina las dos dimensiones. Resolver un problema técnico complejo es satisfactorio, pero hacerlo además coordinando una organización grande y manteniendo el proyecto en movimiento es lo que realmente te hace crecer como profesional.
¿Qué importancia das a la especialización en la nube, especialmente de AWS, para profesionales de la IA?
Mucha, y creo que es algo que todavía no está suficientemente reconocido en el sector. La IA no es un ente aislado: necesita infraestructura para funcionar, tanto para el entrenamiento de modelos como para la inferencia en producción. Y esa infraestructura tiene que ser fiable, segura y eficiente en costes.
AWS se ha sabido posicionar muy bien en este espacio, proporcionando una base completa para que los profesionales de la IA puedan construir y operar sistemas en producción con garantías reales. Pero aprovechar esa base requiere conocimiento: saber qué servicio usar en cada caso, cómo diseñar la arquitectura para que escale, cómo gestionar los costes cuando el volumen de inferencia crece, cómo aplicar los controles de seguridad adecuados.
Un profesional de IA que no entiende la capa de infraestructura sobre la que trabaja tiene un techo claro. Puede construir modelos y pipelines, pero cuando llega el momento de llevarlos a producción de forma sostenible, a escala y con seguridad, esa brecha se hace evidente. La especialización en AWS no es un complemento para el profesional de IA, es parte del perfil completo.
La evolución de la inteligencia artificial y del cloud está transformando la forma en la que las organizaciones diseñan, despliegan y operan sus plataformas tecnológicas. En este escenario, perfiles capaces de combinar conocimiento técnico, visión arquitectónica y compromiso con la comunidad serán cada vez más relevantes.
El reconocimiento de Sergio como AWS Ambassador refleja precisamente esa combinación de excelencia técnica, aprendizaje continuo y vocación por compartir conocimiento. En Keepler, este hito refuerza nuestro compromiso con el desarrollo del talento y con ayudar a nuestros clientes a construir plataformas de datos e IA modernas sobre AWS.
¡Enhorabuena, Sergio!
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