Durante esta época de pandemia muchas empresas y organizaciones nos hemos tenido que adaptar a un entorno relativamente nuevo: personas deslocalizadas, empleados que se incorporan a una compañía sin contacto físico… Pero, ¿por qué “relativamente”? Porque trabajar en remoto no es nuevo, se lleva haciendo desde hace años de una forma u otra (por ejemplo, en Keepler ya teníamos dos días de teletrabajo antes de que llegara la pandemia), quizá el matiz aquí es que esta nueva situación no implica “solo” trabajar en remoto, sino que genera contextos híbridos: personas trabajando unos días en la oficina y otros fuera de ella, y personas trabajando siempre lejos de la oficina.

La cuestión es que, como bien sabemos, una pandemia lo cambió todo. Al principio, nos vimos obligados a trabajar de forma remota sin saber a ciencia cierta cuándo íbamos a volver, y como resultado de esto, todos hemos tenido unos aprendizajes muy interesantes que nos pueden servir de cara a futuro no solo como empresa, sino como sociedad a la hora de adaptar un modelo híbrido o de trabajo remoto en el futuro. Veamos algunas situaciones y aprendizajes que nos hemos encontrado desde el punto de vista de Keepler.

Reuniones a todas horas

El trabajo remoto te da una flexibilidad increíble, es innegable. No solo te permite trabajar desde cualquier lugar sino que además te ahorras tiempo en ir y volver a la oficina. Esto es una gran mejora, pero hay un aspecto que con este enfoque cuesta conseguir: la comunicación osmótica. Me refiero a ese tipo de comunicación que se da cuando estás en una oficina y oyes a compañeros de trabajo hablar sobre algo que te afecta y que incluso tú puedes ayudar con ello. Este tipo de comunicación se ha intentado sustituir por reuniones ,y como resultado, nos encontramos con que desde que estamos teletrabajando nuestro calendario se ha convertido en una reunión constante. Aparte de las reuniones que ya se tenían hemos incorporado todas estas conversaciones emergentes dentro de nuestro calendario lo que supone que ahora mismo no tenemos tiempo para “trabajar”. Esto da lugar a que después de todas las reuniones empiece tu jornada de trabajo lo que puede suponer burnout o dificultad para la desconexión, entre otros inconvenientes. Creo que esto es un aprendizaje y que realmente tenemos que sustituir este tipo de comunicación de otra manera que no sea poner más reuniones. Aquí entran en juego hábitos y herramientas que comentaré en los puntos siguientes.

Espacios físicos de trabajo

Muchas empresas y organizaciones han tenido (y tienen) sus espacios de trabajo. Esto puede suponer que se hayan hecho grandes inversiones por crear un espacio de trabajo agradable, creativo, y colaborativo. Con la pandemia en nuestras vidas nos quedamos en una situación incómoda: grandes inversiones en puestos de trabajo que teniendo en cuenta el trabajo remoto pueden suponer directamente pérdidas. El caso de ING es llamativo pero no es el único en el mercado. La lección aquí es que quizá deberíamos empezar a reenfocar como consideramos las oficinas de las compañías. Ya no estamos hablando de un sitio donde trabajar de una forma diaria, si no que se trataría de un espacio de trabajo puntual y que se usa bajo demanda. Para este caso los espacios de trabajo de co-working encajan bien: puedo tener un espacio de trabajo mayor o menor dependiendo de los empleados trabajando presencialmente que tenga en cada momento, pero también tienen que adaptar su modelo de negocio por algo aún más flexible ya que el escenario puede cambiar de una semana a otra.

En Keepler hemos trabajado siempre en espacios de co-working, desde que se creó la empresa. Dependiendo de las necesidades que demandemos, nos adaptaremos para lograr el mejor acercamiento destinado a desarrollar la actividad in-situ. Quizá no necesitamos un lugar fijo siempre presente si no un espacio disponible que emerja bajo demanda cuando las situaciones del proyecto, equipo u organización lo requiera.

Herramientas de trabajo

Las herramientas han jugado un papel fundamental durante la pandemia. Si bien es cierto que muchas de ellas ya eran conocidas antes de pasar a un trabajo remoto a tiempo completo, muchas de ellas lo hacían teniendo en cuenta que el trabajo presencial seguía existiendo. Aquí el cambio es grande, no solo las herramientas nos sirven para hacer una sincronización remota si no que deberían sustituir directamente aspectos que antes se conseguían en un contexto presencial. No hablamos de herramientas para trabajar sino herramientas para “conectar”. Un ejemplo de esto es Topia, una herramienta que crea un mundo virtual que permite a un grupo de personas conectar de una forma diferente a la que lo pudieran hacer en un contexto de reunión virtual o tablero de trabajo virtual.

Una de las organizaciones que parten con ventaja en este sentido es Gitlab que llevaba años trabajando en un contexto remoto y distribuido. Digamos que su cultura remota es actualmente envidiable teniendo en cuenta la necesidad.

En Keepler hemos experimentado con varias herramientas intentando conseguir equipos y organizaciones cohesionadas. Nuestro enfoque es tener un set de herramientas el cual poder usar en esta situación de trabajo remoto: Trello, Miro, EasyRetro, Jira, etc.

Trabajo full remote vs hybrid remote

¿El trabajo remoto viene aquí para quedarse? ¿Pero sería de forma completa o parcial? Hay encuestas que ponen de manifiesto esta disyuntiva. Es posible que antes de la pandemia la gente opinara que quería trabajo remoto a tiempo completo, pero que después de vivirla, empieza a mirarlo con otros ojos. Trabajar de forma remota tiene sus ventajas pero también puede ser duro y desgasta bastante si no se hace con unos hábitos que permitan tener unos niveles de conexión, estrés y motivación determinados. Aquí la lección es que quizá hay que generar contextos flexibles para adecuar las necesidades personales de los empleados (conciliación, evitar tiempo innecesario y excesivo en transporte….) con los de la empresa (productividad, equipos comprometidos, sentimiento de pertenencia….). Ya hay modelos que intentan explorar nuevas vías: desde la semana laboral de 4 días incluso a la de 7 días. En Keepler impulsamos un contexto de 4+1 y a gente trabajando en distintos territorios de los países en los que operamos (Alemania, España y Portugal).

Otra lección aprendida relacionada con esto es el proceso de contratación en contexto remoto. Por una parte es una ventaja porque en lugar de poder contratar a gente que esté cerca de tus oficinas tienes la posibilidad de hacerlo en un territorio mucho más extenso, en nuestro caso en todo el país en el que operemos. Pero, por otra parte, esta medida lo hace todo más competitivo ya que el candidato no solo tiene la opción de trabajar con una empresa de su país si no con empresas de otros países donde el sueldo puede ser mayor o los proyectos más interesantes. En este contexto, el aprendizaje es que la cultura y hábitos de cada empresa tiene mucho que decir y puede declinar la balanza de un candidato hacia una empresa que ofrece menor salario, unas mejores condiciones y un reto profesional más interesante.

La conclusión es que aún nos queda mucho por aprender y aplicar en nuestro día a día y que, seguramente, no habrá un modelo único para poder ser aplicado en todas las organizaciones por igual. La sensación es que quizá lo más tangible es tener una serie de propuestas, explorarlas y ver si aportan mejoras al modelo que actualmente existe. Al fin y al cabo, aprender e iterar no es solo propio de los proyectos sino también de las organizaciones.

Imagen: Unsplash| @sigmund

Author

  • Agile Coach en Keepler. "I am a proactive person who loves teamwork and motivating people. I consider that communication is the key to the achievement of a successful project."