El mundo STEM (Science, Technology, Engineering y Mathematics, en inglés) está ocupado por mujeres en apenas un 30% según datos de la UNESCO, aunque este porcentaje tiene una lectura más a bajo nivel: sólo el 3% están relacionadas con el ámbito de la tecnología y el 8% con la ingeniería. 

Dentro de ese 3% que se dedica al ámbito tecnológico están Josefa Calero, Irene Romero y Beatriz García, parte del equipo de Data en Keepler que puede presumir de tener un ratio femenino superior a la media, del 42%. Pero es algo que solo ocurre en el ámbito de los datos, siendo muy inferior en otros. Como bien refleja Josefa respecto a su primer día en Keepler “me senté, miré y me dije: ‘no hay ninguna chica de rama técnica’, solo estaba yo rodeada de chicos”. Josefa Calero fue la primera mujer en incorporarse al equipo de datos, que ahora cuenta con 5 mujeres entre los 11 miembros del círculo. “En Keepler no miramos el género en el proceso de selección. Tratamos los CV de la forma más anonimizada posible y valoramos  que el conocimiento y la experiencia se ajusten al perfil que necesitamos. Eso nos llevó a que tardásemos más de lo que nos hubiera gustado en empezar a incorporar perfiles femeninos en los roles técnicos”, comenta al respecto Laura Casillas, responsable de People y de selección en Keepler. 

Hablamos con Josefa, Irene y Beatriz para conocerlas un poco más, saber qué piensan del mundo profesional en el que se mueven y su visión sobre la presencia de la mujer en el ámbito de la tecnología y la ciencia.

Decidiendo el futuro… 

Los caminos del destino pueden ser muy sorprendentes y, si estás atento a las señales, hay momentos que pueden marcar tu futuro. Irene es un ejemplo de que esto puede ocurrir, ella es científica de datos casi por casualidad: “Yo estudié teleco, pero no por vocación”, nos confiesa. “Leí un artículo colgado en mi clase de segundo de bachillerato que decía que en no sé qué año se necesitaría un gran número de perfiles de Teleco. Como no sabía qué hacer, decidí hacer eso. Posteriormente tampoco nunca dije ‘quiero ser científica de datos’, la vida ha seguido su curso. Me enfoqué en la ciberseguridad y en aplicar machine learning en seguridad. A partir de ahí pivoté a la ciencia de datos porque me gustaba la tecnología pero también me gustaba la parte de negocio, el plantear y responder preguntas interesantes y resolver problemas”.

El caso de Beatriz es bien distinto, un ejemplo de que a veces la vocación se ve en conflicto con lo que se te da bien, llevándote a caminos bien distintos: “Cuando elegí carrera mi vocación era educación especial, pero cuando estudiaba no me gustaban las asignatura de esa rama, sino física, química, matemáticas… Así que decidí tirar por la ingeniería”. Bien es cierto que tomar decisiones sobre el futuro puede ser muy inquietante a los 16 o 18 años, pero como la propia Beatriz matiza: “es muy importante conocerte a ti mismo, saber lo que te gusta y se te da bien. Aproveché las sesiones de puertas abiertas en la Universidad para empezar a ver proyectos de ese ámbito y me empezó a llamar la atención lo digital. Estudié Teleco y para complementar el conocimiento de negocio que me faltaba, al finalizar hice un master. Fue el TFM lo que despertó mi interés por el big data y el cloud”

Beatriz García. Analista de Datos. “Hay que aprender a pensar y a conocerse a una misma, a descubrir lo que te gusta, a investigar, a no quedarse en respuestas generales de lo que te cuentan de una profesión. Y también hay que darse la oportunidad de equivocarse”.

Quizás el caso más sorprendente es el de Josefa. “Yo estudié derecho y economía, ¡imaginad lo lejos que estaba de una carrera técnica!”. Hoy en día hay muchas opciones para realizar conversiones como ésta, que permitan a perfiles no técnicos reconvertirse, de modo que puedan optar a entrar a un mercado en auge. Según estimaciones de LinkedIn, en los próximos cinco años en España se crearán dos millones de empleos relacionados con la tecnología. El caso de Josefa no pasó por este tipo de formaciones puente, sino que fue un camino más de elaboración propia motivada por la crisis de 2009: “Me gustaba mucho la economía y me especialicé ahí. Mi aspiración era trabajar en una organización internacional, de hecho hice un master en desarrollo y modelos de crecimiento, y trabajé de investigadora en una fundación de investigación. Esa era mi vocación. En España eso era muy complicado y con la crisis no le veía continuidad. Decidí reciclarme. Aproveché lo que ya sabía, que se basaba mucho en modelos y tratamiento de datos en otros campos, y salté a una empresa para hacer analítica de datos y marketing digital, y a partir de ahí seguí la evolución del mercado”.

Curiosamente, las tres han desarrollado su trabajo técnico en entornos de consultoría, donde coinciden en que eso les permite complementar una parte más técnica con otra de negocio que les satisface. “En consultoría vas saltando de un proyecto a otro y te vas formando”, explica Josefa, “por ejemplo, en los últimos proyectos he tocado más NLP y ahora estoy más en detección de fraude. Nuestros proyectos son de duración relativamente corta, entras para hacer cosas concretas y sales, no estás encasillada en un proyecto concreto más de unas semanas o algunos meses”.

La mujer en la tecnología

La falta de referentes femeninos en la ciencia y ámbitos tecnológicos es uno de los debates actuales. Muchas teorías buscan en ello parte del motivo por el cuál el ratio de mujeres es tan bajo en ámbitos prominente y tradicionalmente masculinos. Josefa, Irene y Beatriz confirman esta ausencia en toda su trayectoria formativa. Solo Beatriz se atreve a destacar un referente, y no precisamente femenino: “Mi padre, que aunque no se dedica exactamente a lo mismo que yo, es también ingeniero y es lo que me motivó definitivamente, ya que me permitió conocer lo que realmente se hacía en esa profesión”

Sin embargo, a pesar de entrar en un mundo en que “en clase siempre había más chicos que chicas”, todas coinciden en que para nada han vivido discriminación por su género. “El único momento en que he recibido algún comentario que pueda tachar de negativo, ha sido precisamente como consecuencia de la ley de paridad. El típico comentario de ‘tú lo tienes más fácil por ser chica’. Pero tengo que decir que no es representativo de mi experiencia laboral, es algo aislado”, aclara Beatriz.

Tanto Irene como Josefa coinciden también en haber vivido alguna situación similar por moverse en entorno con un alto número de compañeros masculinos, con algún comentario fuera de lugar a raíz de los cupos de paridad, pero nunca ha supuesto una experiencia especialmente incómoda o se ha traducido en un problema de trato desigual. “Nunca me han tratado de manera favorable o desfavorable por ser mujer. También he escogido empresas en las que sabía que este tipo de cosas no se iban a dar, por política de empresa y tipo de cultura”, comenta Josefa, algo en lo que las demás coinciden. 

Josefa Calero. Científica de Datos. «Nunca me han tratado de manera favorable o desfavorable por ser mujer. También he escogido empresas en las que sabía que este tipo de cosas no se iban a dar, por política de empresa y tipo de cultura.

La ausencia de mujeres en este sector consideran que tiene múltiples enfoques y no hay una respuesta o solución única. Señalan cuatro aspectos relevantes:

1.El desconocimiento de lo que realmente se hace. “Muchas veces al pensar profesiones tecnológicas se interpreta que estás 24 horas delante del ordenador, y mucha gente rechaza eso de inicio, especialmente cuando tienes que elegir una formación y no conoces mucho más que lo que te cuentan. Quizás el problema esté en el inicio, en la educación, se debería definir mejor para lo que sirve una profesión, lo que se hace en diferentes ramas, pero no de forma generalizada sino aterrizando más en la realidad de las diferentes áreas. En la tecnología hay también mucha interacción humana, con compañeros y clientes”, comenta Beatriz. “Hasta que vi un trabajo de verdad, no sabía lo que se hacía en los trabajos. De hecho en la carrera tampoco me quedaba muy claro lo que hacía un ingeniero de telecomunicaciones.  Confío en que la orientación en los institutos haya cambiado un poco”, añade Irene.

2.La propia formación desde los primeros cursos educativos. “El hecho de que no haya referentes en la propia educación hace que no se vea la igualdad de oportunidades. Incluso desde antes, ya los juguetes están condicionados desde el principio. Aunque parezcan iguales tienen un sesgo ligeramente distinto. Quizás se debe dar más importancia en las fases tempranas, que desde ahí se vea claramente que no hay diferencias, que los niños y niñas puedan ver que se pueden dedicar a las mismas profesiones. Creo que el cambio debería ir por ahí”, destaca Josefa.

3.Las políticas sociales no siempre tienen por qué conducir al resultado buscado. “El tema de políticas sociales entiendo que es complejo, sobre todo porque es difícil medir el impacto a largo plazo. Intentar encontrar el origen de por qué un colectivo se está dedicando a una cosa es muy complejo. De hecho, creo que en los países nórdicos, donde tienen campañas muy fuertes para la igualdad desde pequeños, ha resultado que el porcentaje femenino en STEM es más bajo, aún cuanto más se han aplicado esas medidas de igualdad. Lo que se debe fomentar es la oportunidad y que cada uno se dedique a lo que quiera, y al final parece que el deseo de las mujeres en esos países ha ido por otro lado”, justifica Irene.

Irene Romero. Científica de Datos.Lo que se debe fomentar es la oportunidad y que cada uno se dedique a lo que quiera”.

4. No cuotas, sino conciliación. “Yo no quiero que me des cuotas, yo quiero que me des conciliación. No quiero que me valoren o me den algo por cumplir una cuota, sino que si alguien tiene un puesto de responsabilidad sea por su trayectoria y sus capacidades. Pero ahora sí, tienes que dar las mismas oportunidades a hombres y mujeres para llegar a eso”, sentencia Josefa.

Presente y futuro

“Lo que hacemos puede ser muy gratificante, permite resolver problemas reales, sentir que hay un valor que se palpa en la realidad, especialmente cuando me enfrento a problemas que personalmente he considerado muy complejos y sentir que lo puedes resolver”, comenta Irene sobre lo que le aporta su profesión. “También el resolver cosas. Te dan unos datos que no dicen nada, y tú haces que digan cosas”, añade Josefa.

No hace falta indagar mucho sobre el tema para descubrir cientos de referencias sobre que el futuro pasa por los datos y la inteligencia artificial. En este sentido, comenta Beatriz: “Los datos están en boca de todos y por ello todo el mundo se quiere meter, pero sin tener claras las cosas. Allanar el camino al cliente es muy satisfactorio”. Pero no toda satisfacción está en el ámbito profesional, también en entornos menos próximos a la tecnología: “También me gusta mucho hablar con gente para la que este mundo es desconocido, y se lo enseñas y lo empiezan a entender. Me resulta bonito ver la cara de alguien a quien se lo explicas, porque es como si le abrieras la mente a un mundo nuevo”, añade Beatriz. 

Josefa se siente ilusionada por el futuro: “Lo que me gusta es la velocidad de cambio y el mundo de posibilidades que ofrece. No es un terreno acotado, sino que está creciendo y va a crecer más. Tengo mucha curiosidad y me motiva el evolucionar con ello, eso me suponen retos que me gustan, además de saber que voy a tener crecimiento profesional”.

Irene también comparte esa visión optimista: “Yo siento muchas veces que afortunadamente la vida me ha llevado a una carrera como esta, con tanto futuro, con crecimiento… En el sentido de oportunidades, considero que tengo suerte de haber caído aquí. Además, considerando las expectativas de la IA y del impacto que va a tener en la sociedad, también sientes como que colaboras un poco en esa transformación”.

Preguntadas por lo que aconsejarían a una chica que esté en edad de decidir su futuro, Irene lo tiene claro: “Yo le aconsejaría a una chica de 16 años lo mismo que a un hombre de 35: que probase todo lo que pudiera. Que se apunte a cursos, conferencias, que conozca gente…”. Idea a la que Josefa se suma: “desde los institutos se debería fomentar ese tipo de charlas, dar a conocer meetups, cursos online… Hay muchísimas posibilidades.”

“Cuando me metí en Teleco iba asustada, hay que conocer las cosas con propiedad para decidir y dar los pasos sin miedo. Le diría que aprenda a pensar y a conocerse a sí misma, a descubrir lo que le gusta, a investigar, a no quedarse en respuestas generales de lo que te cuentan de una profesión”, añade Beatriz, “y también le diría: date la oportunidad de equivocarte”.